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La Piscifactoría nació como un espacio de reflexión, intercambio y pedagogía en torno a la literatura, con especial atención al desatendido género poético. Más adelante se fueron incorporando otras disciplinas artísticas, a veces con una especial raigambre literaria, como en el caso de la dramaturgia, y en otras ocasiones tan dispares como el origami, la performance o la fotografía digital.

La presencia de grandes autores como Ana Rossetti o Jesús Urceloy en esta escuela, dirigida además por el poeta Gonzalo Escarpa, garantiza la pervivencia de una amplia gama de talleres especializados en narrativa y poesía, sin olvidar las nuevas manifestaciones del hecho literario, como la videopoesía o la poesía escénica.

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